Una de las cosas por hacer en Asia es la visita a un campo de arroz. Los cultivos en forma de terraza en las colinas son magníficos por 3 razones: Los colores que puedes ver con esos verdes intensos y los contrastes con las vestimentas de la gente; La belleza geográfica de las colinas tapadas de cultivos junto con esa neblina que le da el aspecto místico del lejano oriente y finalmente el aspecto cultural, al encontrarse con poblados muy especiales, generalmente minorías que ostentan una manera de vivir muy distinta al resto del país, con sus casa, vestimentas, idioma y rasgos físicos particulares. Las terrazas de Guilín no son la excepción, siendo los arrozales más grandes de China, denominadas “Dragon’s Blackbone” por si similitud a la espalda de un dragón, están a unas 3 horas al norte de la ciudad. El estilo de casas todas de madera en un ambiente de tranquilidad en las montañas hacen de esta visita una vuelta al pasado, muy alejado del ajetreo de las grandes urbes chinas. La caminata te puede tomar todo el día, es un tanto pesada ya que hay que subir mucho y diría que es recomendable quedarse una noche ahí. El alojamiento puede ser un tanto más caro que en la ciudad, pero sigue siendo barato para el bolsillo occidental. La comida es excelente, pudimos compartir un pollo hecho en bambú, así tal cual te sirven un pedazo de bambú partido a lo largo y dentro la carne sazonada con especias…de lo mejor que comí en el “país del medio” o China, como lo conocemos nosotros. Por supuesto, acá hay fotos del paseíto :)